Los receptores químicos del olfato

De MarihuanaWiki

El olfato u olfacción es el sentido encargado de detectar y procesar los olores. Es un quimioreceptor en el que actúan como estimulante las partículas aromáticas u odoríferas desprendidas de los cuerpos volátiles, que ingresan por el epitelio olfativo ubicado en la nariz, y son procesadas por el sistema olfativo.

'La nariz humana distingue entre más de 10.000 aromas diferentes.'

Las sustancias odorantes son compuestos químicos volátiles trasportados por el aire. Los objetos olorosos, en nuestro caso la marihuana, liberan a la atmósfera pequeñas moléculas que percibimos al inspirar. Estas moléculas alcanzan la mucosa olfativa, que consta de tres tipos característicos de células: las células olfativas sensoriales, las células de sostén y las células basales, que se dividen aproximadamente una vez al mes y reemplazan a las células olfativas moribundas. Los 20 o 30 millones de células olfativas humanas contienen, en su extremo anterior, una pequeña cabeza con cerca de 20 pequeños filamentos sensoriales (cilios). El moco nasal acuoso transporta las moléculas aromáticas a los cilios con ayuda de proteínas fijadoras; los cilios transforman las señales químicas de los distintos aromas en respuestas eléctricas.

Las prolongaciones nerviosas de las células olfativas alcanzan el bulbo olfatorio a través de micro-orificios del cráneo; el bulbo es una porción anterior del cerebro, que se ocupa de la percepción de los olores. Estas prolongaciones nerviosas terminan en los glomérulos, pequeñas terminaciones de celulas olfativas de forma esférica donde se procesan las señales aromáticas que luego son conducidas por células receptoras especiales. La información llega primero al sistema límbico y al hipotálamo, regiones cerebrales ontogenéticamente muy antiguas; responsables de las emociones, sentimientos, instintos e impulsos, tales regiones almacenan también los contenidos de la memoria y regulan la liberación de hormonas. Por este motivo, los olores pueden modificar directamente nuestro comportamiento y las funciones corporales. Sólo más tarde parte de la información olorosa alcanza la corteza cerebral y se torna consciente.

Glándulas pituitarias. Los receptores químicos del olfato.

  • La glándula pituitaria roja: Se ubica en la parte inferior de la fosa nasal y está recubierto por numerosos vasos sanguíneos que calientan el aire.
  • La glándula pituitaria amarilla: Se ubica en la parte superior de las fosas nasales y presenta tres capas:

1. Células de sostén 2. Células olfatorias 3. Células basales

Las células olfatorias son células nerviosas receptoras de estímulos químicos provocados por los vapores. En la pituitaria amarilla se encuentran las glándulas mucosas de Bowman, que libera un líquido que mantiene húmedo y limpio el epitelio olfatorio.

Para estimular éstas es necesario que las sustancias sean volátiles, es decir, han de desprender vapores que puedan penetrar en las fosas nasales, y que sean solubles en agua para que se disuelvan en el moco y lleguen a las células olfatorias. Éstas transmiten un impulso nervioso al bulbo olfatorio y de este a los centros olfatorios de la corteza cerebral, que es donde se aprecia e interpreta la sensación de olor. Se cree que existen 7 tipos de células olfatorias, cada una de las cuales sólo es capaz de detectar un tipo de moléculas, éstas son: " coro "

  • Alacanforado: olor a alcanfor
  • Almizclado: olor a almizcle
  • Floral
  • Mentolado
  • Etéreo: olor a éter
  • Picante
  • Pútrido: olor a podrido

En el año 1991 se descubrieron los primeros genes de las proteínas receptoras del olor. Estas moléculas receptoras residen en la membrana de células sensoriales, que retienen un aroma y envían el mensaje correspondiente al cerebro a través de una cadena de reacciones químicas. En 1996 fue caracterizado el primer receptor olfativo humano.



De una web de vinos extraje la siguiente información relacionada con el aroma. Creo que es una buena información para aprender a oler nuestra hierba

El olfato: Con el olfato analizamos los aromas y las percepciones sensoriales sobre el sabor identificando los olores florales, frutales, tostados, etc., valorando la limpieza, complejidad e intensidad. El análisis olfativo debe efectuarse en tres etapas para que fluyan bien todos los aromas.

El aroma básico: Se consigue sin mover el vino. El catador expira el aire de los pulmones y luego aspira el aire de la copa con fuerza. En el caso de un cogoyo lo oleríamos acercando la nariz, no el cogoyo.

Los matices: Se consiguen haciendo girar la copa, con un suave movimiento de vaivén. Así, el vino despierta y emite aromas que no se captan cuando está en reposo. En el caso de la hierba, sería la acción de acercar el cogoyo a la nariz, con ese movimiento se desprenden las sustancias volatiles. El aroma profundo: Se consigue agitando bruscamente el líquido que como consecuencia se divide por el movimiento y se oxigena convenientemente saliendo a flote los aromas más profundos. en el caso de la yerba sería comparable a la acción de desmenuzar el cogoyo a la hora que olemos los aromas resultantes de la rotura de tricomas




Algunas notas aromáticas

Tradicionalmente desde la Antigüedad distinguimos cinco sentidos, asociados cada uno de ellos a un sistema especializado, con receptores sensibles a estímulos físico-químicos específicos: luz, vibraciones sonoras, moléculas químicas, presión, vibraciones mecánicas y variaciones de temperatura. La sensibilidad química es universal en el mundo animal, ya que permite una selección precisa de los alimentos y de los compañeros sexuales. La olfacción es una de las formas de sensibilidad química en la que los estímulos son vehiculados por el aire. En el hombre, como en otros mamíferos, los receptores olfativos se localizan en la parte posterior de la nariz, en la mucosa olfativa. Solamente un 4% de las sustancias volátiles alcanzan las células receptoras. La detección de los olores se realiza en la parte superior de las fosas nasales, en la pequeña región que constituye el epitelio olfativo, donde una fina capa de mucus permite solubilizar las moléculas odorantes inhaladas, antes de que éstas sean captadas por los cilios de las células receptoras. Estas células nerviosas, en contacto directo con el medio externo, sufren numerosas agresiones, pero a diferencia de las neuronas del cerebro, se renuevan permanentemente, (aproximadamente cada dos meses). Por lo tanto, el olfato es la modalidad sensorial menos afectada por el envejecimiento.

Las diferentes moléculas odorantes activan los receptores según el modelo «llave-cerradura» y dan lugar a unas señales nerviosas que convergen hacia los lugares del bulbo olfativo llamados glomérulos, antes de transmitirse al córtex olfativo. Este córtex presenta un nivel de organización muy elevado, con códigos específicos que van a permitir discriminar entre distintos olores. Podemos detectar unos 10 000 olores diferentes (100 000 para los profesionales del perfume), pero su clasificación sigue siendo un problema sin resolver.

El olfato no es fundamental para la supervivencia de nuestra especie, y aunque es diez mil veces más sensible que el gusto, sigue siendo un sentido relativamente poco desarrollado en el hombre, tal vez porque la aparición de la bipedia ha elevado nuestra nariz a más de un metro del suelo, lo cual sin duda ha contribuido a que dependamos en mayor medida de nuestros sistemas visual y auditivo.

A ello se añade que en nuestra cultura occidental el olfato ha sido desvalorizado por Aristóteles y despreciado por el cristianismo, que tradicionalmente sólo ha tolerado los efluvios de incienso y el olor de santidad. Para filósofos como Descartes, Kant y Hegel el olfato era un sentido inestable, evanescente y con un papel desdeñable sobre el conocimiento. En cambio, los olores verán cambiar su estatuto al aumentar la importancia otorgada al cuerpo y a la sensorialidad: escritores y poetas aprecian la potencia sensual y el poder evocador de los olores, como se aprecia en la obra de Baudelaire, Zola o Proust.

El aroma, compuesto por fracciones volátiles calentadas en la boca, aspiradas hacia la parte trasera de la cavidad bucal y percibidas por vía retronasal, alcanza la mucosa olfativa. El olfato, íntimamente ligado al gusto, participa del proceso de gustar. Varios miles de moléculas aromáticas se han identificado en los alimentos más corrientes; los especialistas del arte culinario saben de su fragilidad y que una cocción demasiado viva o larga puede desnaturalizarlas. El vino nos ofrece un ejemplo perfecto de esta complejidad: los aromas primarios, característicos de la cepa, presentan notas afrutadas (banana, frambuesa,...) o florales (tilo, rosa, acacia,...), los procedimientos de vinificación añaden otros aromas secundarios; y la crianza aporta las notas de las especias, de vainilla o de frutas cocidas que darán al vino su bouquet.

Algunas notas aromáticas [Some aromatic notes] Cristina Pujades Doctora en biología Investigadora y profesora titular de Biología celular y Biología del desarrollo en la Universidad Pierre et Marie Curie (París VI). y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

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